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October 24 DesenfrenoLa noche sucede al día... llega el momento, desnudo cuidadosamente mi cuerpo... ni un ápice de sentimiento despojando ese cuerpo de su tribuna de razón... el vaho de un calor inmenso empaña los cristales de la mampara... la piel enrojecida va perdiendo sensibilidad ante las llamas del ardiente relax que refugia un cuerpo de algo material como pueda ser el cansancio. Seco sensiblemente cada rincón de ese húmedo cuerpo que sustenta mi alma, si es que aún la conservo... la crema cubre cada recodo de esa piel preparada para ser admirada... Desenredando el cabello pienso en cuál será la ropa que esta noche hará de mi presencia, algo por lo que pararse a mirar... Diez minutos de una vida cualquiera moldeando el cabello rubio que ondea ante el secador. Y escojo... la falda negra... un escote sugerente, entre desgarrados lazos de una camiseta blanca. Las botas altas de hebillas y unas finas medias que coloreen las piernas, a las que el invierno roba el color de un sol no tan lejano. Lo más importante, los ojos... una mirada felina... oscura... insinuante... irresistible. Llaman a la puerta, debo estar lista. Y comienza la noche. En el lugar de siempre, a la misma hora... comienza el alcohol entre un botellón prohibido para media España. La primera copa es lenta, la segunda pasa entre risas, la tercera se apresura para evitar los tiritones de unas piernas heladas... la cuarta entre juegos... la quinta pensando en juegos calientes, preparando la noche para el placer. La sexta entra sola... llega el momento de caminar hacia la música, hacia la gente... Ya no existe timidez alguna, el alcohol deshace la sombra de la vergüenza y aviva la necesidad de sentir por sentir... de disfrutar por disfrutar. Afloran todos esos sentimientos que ni siquiera sabes si verdaderamente existen. Entre chupitos de exóticos colores, fluyen los abrazos entre amigas... los “te quiero”, los “tú te mereces lo mejor”... más tarde llega el baile... insinuante... con la mirada en aquel tío al que te tiraste el fin de semana pasado. Subes a la tarima sin sensación alguna de vergüenza o ridículo. Todo da vueltas a tu alrededor pero a penas lo percibes, ya lo recordarás mañana. Dejas de beber, pues sabes que ya hizo el efecto que debía. Sientes todas esas miradas de deseo... de envidia... de pena... pero sigues bailando... sigues rozando su bragueta con los ojos... Tu amiga te anima a tomarte otra copa... no puedes más... pero la bebes... esta vez, durará toda la noche. Impaciente miras el teléfono... “estoy sola en casa, joder... ¿por qué no llama?”. Tras dos horas entre bailes, tabaco y alcohol, llega tu amigo... trae maría de la buena. El callejón de siempre... unos tiros de un porro que se consume entre la saliva de cinco personas... comienza la risa... él habla, todos ríen. Y de repente ves como tumbándote en la acera puedes imaginar que el cielo es una pared y el techo es la pared del huerto... esa idea hace que la próxima media hora pase entre risas... ya no puedes más... tienes agujetas hasta en la mandíbula... es la hora de pasar. Tus ojos se tornan pequeños pero tu percepción del mundo es mucho mejor, aunque te raya la idea de que los demás noten que has estado fumándote un canuto. Miras el teléfono, hay un mensaje. “Te apetece ke kedemos?? Knt. Soy Miguel”. Ya estaba tardando, sabía que escribiría... ¿cómo no? Eres polvo seguro. Contesto... y quedamos en el parquecito que hay bajando mi calle. Me recoge en su precioso coche azul, eso sí, con su música de maquinero que tanto detestas. A pesar de sus 25 años notas su nerviosismo... eres la loba con la que tanto ha soñado, no sabe si podrá estar a la altura, pero se muere por abrirte de piernas. Llegamos a mi casa... vacía, fría. Una cerveza y una absurda conversación que mañana significará que no fue sólo un polvo... Los tragos son lentos, tu cuerpo no admite el alcohol, pero le obligas. Una caricia en la cara... Y sacas esa absurda timidez que tanto puede poner a un tío... te muerdes el labio... le sonríes pícaramente dejándole ver que jamás serás tú la que se lance. Me besa, me encante... su piercing en la lengua acariciando la mía... sus pequeños mordiscos empiezan a causar estragos en un cuerpo que comienza a sentir de nuevo abandonando el alcohol. Cojo su mano... le miro... conduciéndole al dormitorio... Sabes lo que quieres... sabes lo que quiere él... El sexo se impregna hasta en las paredes... mientras su piercing te hace ver las estrellas mientras se cuela entre tus piernas... te encanta y sabes que puedes hacer que no olvide fácilmente esa noche. Los gemidos se apresuran... el sudor expulsa toda gota de alcohol que aún quedase en tu cabeza... sigo moviéndome... le siento muy dentro... sus manos recorren mi cuerpo y su lengua no quiere abandonar la mía... El polvo llega a su fin... tumbados en la cama él me abraza, se quita el condón y lo deja en el suelo... me abraza de nuevo... y sientes todo eso que necesitas... un cariño fuera del sexo... esa protección que tanto ansías... aunque a las dos horas después del segundo polvo se esfume. Vuelves a estar sola. El sueño no se digna a llamar, tan sólo entra y caes rendida con la sensación de que todo da vueltas a tu alrededor. El día llega, sólo que la tarde se merendó a la mañana. Una sed descomunal asola tu paladar y necesitas beber tres litros de agua en cinco minutos. Piensas en lo que hiciste anoche. “Lo de siempre”, “una noche completita”... otra más. Ya no sientes nada, ni un ápice de remordimiento, ni siquiera te planteas si esa vida está bien... o qué coño es eso del bien. No sientes... tan sólo vives, al límite... saboreando el clamor de un mundo creado a imagen y semejanza de lo absurdo... de la nada... desenfreno... Una vida más... Comments (4)
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